Quisiera advertir que aunque voy a hablar del Ayuntamiento de Madrid, gobernado por el PP, mucho me temo que la situación es general, con independencia del partido político o incluso de la personas.
Una de las peculiaridades de nuestro país es el abuso de la mal llamada publicidad institucional, que en realidad es agitación y propaganda con el dinero de los “tolilis” de los ciudadanos.
Todavía recuerdo los aburridos anuncios en la prensa de los organismos públicos, anuncios que casi nadie leía y de los que se decía (este anuncio deberá ser abonado por el adjudicatario). Eso ya es historia, ahora no hay instituci´no públcia que se precie que no desarrolle “campañas de información” muchas veces más costosas que los servicios aque dichas campañas pregonan.
Una de nuestras peculiaridades es la obsesión de los políticos por agasajar a los propietarios de los medios de comunicación, bien sea mediante lisonjas varias o, mucho más prosaico, mediante la graciosa adjudicación de concesiones administrativas (Zapatero a sus amigos de La Sexta y Esperanza Aguirre –por supuesto, sin complejos – a Jiménez Losantos y cía) y también con el maná de las campañas institucionales de información.
Los beneficiarios de ese maná, como es lógico, no protestan y los ciudadanos nos encontramos con una avalancha de publicidad institucional con unos presupuestos elevadísimos que ya quisieran los departamentos comerciales de muchas empresas españolas.
Siempre que llega un nuevo gobierno pretende poner orden en el asunto, y al principio adopta medidas más que sensatas. Valgan como ejemplo las decisiones del gobierno del PP poniendo coto a la multiplicidad de logotipos que se habían lanzado a encargar casi cada jefatura de servicio de un Ministerio. El gobierno de Zapatero también intentó al principio poner racionalidad en el gasto, como reacción a los excesos propagandísticos de mi nunca bien ponderado paisano Zaplana, aunque finalmente ha sucumbido a la tentación de gastar alegremente el dinero ajeno (por supuesto el nuestro) y podemos “disfrutar” de campañas de propaganda absolutamente surrealistas, todas con la coletilla de Gobierno de España, imagino que con © de Fernando Moraleda.
El ejemplo que traigo hoy aquí es el de la campaña de publicidad de una fantasmal agencia municipal de alquiler del Ayuntamiento de Madrid. La campaña es muy intensa en todos los medios y, como sucede a veces, no se corresponde la llamada inversión publicitaria (que no es otra cosa que puro gasto) con los servicios que debería prestar dicha agencia.
He intentado, por el momento sin frutos, encontrar una página web de dicha agencia, convencido de que al dirigirse a los jóvenes utilizaría los medios de comunicación más acordes con ellos. No he tenido suerte. Tan sólo hay una ligera información, con unos formularios de descarga, en http://www.munimadrid.es/portal/site/munimadrid/menuitem.f4bb5b953cd0b0aa7d245f019fc08a0c/?vgnextoid=37c6cc9d0f9cc010VgnVCM100000d90ca8c0RCRD&vgnextchannel=8db7566813946010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD.
Después de intentar infructuosamente conocer el presupuesto de dicha agencia (en el Ayuntamiento me han dicho que pregunte en la Agencia y en la Agencia que ellos no pueden dar esa información, todo un homenaje a Larra) he pedido una dirección de correo electrónico para dejar constancia de mi solicitud de información y, para mi sorpresa, he descubierto que la citada agencia carece de correo electrónico municipal, y el dominio corresponde a una Fundación de los derechos civiles o algo así.
Me pregunto si en otros países se da el mismo descaro en la utilización abusiva del dinero público para “limar” el trato de los medios de comunicación, como nuestras queridas compañías eléctricas que gastan cantidades importantes de publicidad de un servicio en el que – ya se encargan ellas – no existe el mínimo de los requisitos de un mercado real.
Agradeceré que alguien me saque del error, aunque no termine de servir aquello de mal de muchos…
28/02/2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada