06/11/2008

La verdadera preocupación por la educación

Estos días de presupuestos los ciudadanos pueden comprobar lo que de veras le preocupa la educación de nuestros hijos a los políticos. La Presidenta de la Comunidad de Madrid, siempre tan dispuesta, ha roto aguas y ha decidido recortar los presupuestos de las unievrsidades públicas de Madrid por el conocido y sutil método del tijeretazo.

La Consejera de educación de esta Comunidad en un insulto a la inteligencia de los ciudadanos (o quizás porque de verdad no entiende de números) ha tenido el descaro de “felicitarse” porque los presupuestos educativos aumentan el 1,5% (mientras que la inflación lo hace a un ritmo superior al 4%...).

Es muy posible que las Universidades públicas hayan cometido abusos en la utilización de los fondos públicos: la inflación de carreras sin demanda real, la proliferación de actividades para-universitarias o, sin ir más lejos, las estúpidas campañas publicitarias para captar alumnado pueden ser un buen ejemplo de ello, pero la solución no puede ser la tijera sin cerebro, que es a lo que nos tiene acostumbrados la Comunidad de Madrid, salvo en su afición a traspasar negocio a sus allegados.


Uno habría esperado un aquelarre por parte de la oposición, pero como las necesidades políticas de Zapatero mandan, el PSOE de Madrid va a hacer el papelón de no oponerse a los presupuestos de la Comunidad de Madrid, ni siquiera testimonialmente, como prueba de que sus intereses educativos están por encima de cualquier consideración partidaria [sic].


La Comunidad Valenciana, en su empeño en parecerse a la Italia de Berlusconi nos depara muchas tardes de gloria. No sólo la idiotez de la asignatura dada en inglés, o la defensa saguntina del Sr. Fabra, sino que también ha entrado en las rebajas universitarias, convencido su presidente que lo que de veras genera innovación, riqueza y bienestar para las generaciones futuras es la subvención al circo de la Fórmula 1 y no la inversión en educación.


Me gustaría saber, por pura curiosidad, si las partidas de agitación y propaganda, o las cuantiosísimas transferencias a las televisiones autonómicas que nadie ve también van a disminuir, sólo para comprobar la importancia relativa de los asuntos, por aquello de que gobernar es elegir.