17/12/2008

La prensa y su crisis económica y sistémica

Los periodistas y editores gustan de recordar a la sociedad que sin una prensa libre e independiente no hay verdadera libertad de expresión ni contrapeso a los poderes establecidos.

Como todas las verdades grandilocuentes, la afirmación pierde mucho cuando se acerca la lupa, no por disconformidad con la misma, sino por la casi imposibilidad de que exista una prensa libre e independiente. Valga el ejemplo del exquisito cuidado con que todos, repito, todos los medios de comunicación tratan a los poderosos anunciantes, y muy en particular a aquellos cuyo gasto en publicidad es más un gasto en influencia que una pura herramienta comercial.

¿O alguien cree que las compañías eléctricas perderían sus clientes sino gastasen tanto dinero en publicidad y propaganda?

Pero regresando al tema inicial, y admitido el apriorismo, la verdad es que la prensa atraviesa una situación difícil, más allá de al coyuntura económica: Al surgimiento del fenómeno de la prensa gratuita y de los medios online se añade el cansancio de la población (recordemos que tenemos le triste honor de publicar mucho y leer muy poco), que parece preferir otros vehículos de información, como los noticiarios televisivos, cuando no los programas basura.

Los periódicos que podríamos llamar serios se han lanzado a una carrera de banalización en pos de la difusión perdida, cuando no del más puro amarillísmo. Han abandonado los comentarios serenos que deben enriquecer un periódico o revista (casi han desaparecido los semanarios del panorama español) por los comentarios de trinchera, emulando el pésimo ejemplo de las tertulias radiofónicas o televisivas donde lo importante es hablar, sin que sea óbice el desconocimiento oceánico de la materia.

Acuciados por la caída de ingresos, no tienen pudor alguno (salvo honrosísimas excepciones) en amparar en sus páginas el lucrativo negocio de la prostitución, que comenzó a anunciarse a finales de los setenta bajo el eufemismo de “masajes”, pero que ya no necesita esconder su oferta cárnica. En algunos diarios – de lo más respetables por otra parte – supone más del 60% de los anuncios clasificados. Es un tema que une todas las sensibilidades y editoriales, igual que su particular comprensión con el despilfarro que hacen las administraciones públicas con sus capítulos de propaganda, sólo comparable a la sangría de las televisiones regionales, sostenidas a golpe de talonario público ante la pésima gestión de todas ellas y su escasa audiencia (en relación con los gastos).

Hace unos días se ha reunido en Madrid la dirección del Partido Socialista Europeo para preparar su manifiesto electoral de cara a las próximas elecciones europeas. No he podido leer ningún análisis, sea positivo o negativo, del mismo, a pesar de que todo el mundo coincide en el papel crucial que tiene el Parlamento Europeo en algunos temas (véase su actuación en las regulaciones de REACH, Comercio de emisiones de gases de efecto invernadero o, más recientemente, el revolcón dado a la pretensión de sacralizar jornadas de más de diez horas diarias).

Sugiero la lectura de un comentario de The Economist, particularmente crítico (como era de esperar) con los socialistas europeos, pero que permite analizar la posición del segundo grupo de la Cámara (por detrás del Partido Popular Europeo) en momentos particularmente interesantes:

Recomiendo su lectura, ante la ausencia, en nuestra prensa, de comentarios sobre el mismo tema, más allá del cotilleo frívolo:

Dec 11th 2008. From The Economist print edition

Charlemagne: The left's resignation note

Why the left in Europe is not benefiting from the economic crisis