16/04/2008
Necesitamos una liturgia civil
El pasado fin de semana tuve que acompañar a unos amigos en la despedida de un familiar. Y me di cuenta una vez más de lo necesitados que estamos los españoles, por lo menos los agnósticos o por lo menos los no practicantes (religiosos) de una liturgia civil para ciertos actos inevitables como el nacimiento, la muerte y – quizás – el matrimonio.
No se trata de competir con la iglesia católica, que ha pulido el ritual durante 2.000 años, ni si quiera con las liturgias militares, pero si estaría bien que acordásemos unas ciertas liturgias más allá de los trámites burocráticos (por ejemplo en las fugaces bodas civiles) o en los momentos del tránsito, tanto agradables como dolorosos.
Mis amigos, que despedían a su mujer y madre, improvisaron (las palabras son suyas) una breve liturgia civil que tanto a mi mujer como a mi nos resultó entrañable.
Quizás lo peor era el sitio: la sala “no religiosa” del crematorio del cementerio de La Almudena, en Madrid. La sala, ostentosamente más pequeña y fría que la dedicada a ceremonias religiosas, carecía de los elementos de decoración imprescindibles. Un moderno podría haberla considerado minimalista, pero creo que la mejor definición es la de cutre.
Nuestros amigos dividieron la liturgia en tres partes, siendo el oficiante el hijo de la fallecida, profesor universitario como su madre.
La primera parte consistió en un agradecimiento por parte de la familia a los asistentes a al ceremonia, así como a los que no habían podido asistir pero habían acompañado a la difunta y a su familia en los últimos tiempos de lucha contra la enfermedad.
Después nos pidió que guardásemos un minuto de silencio todos para pensar, rezar o reflexionar sobre el fallecimiento de su madre.
Por último, procedió a leer un texto que había escrito en recuerdo y homenaje a su madre. Aunque nos advirtió que quizás no fuera capaz de leerlo completo, y en su caso había previsto que la lectura la terminase un amigo y colega, la verdad es que pudo con ese último deber filial y nos regaló a los asistentes un retrato cariñoso, pero realista, de su madre y de su amor por el cine. El retrato, lleno de cariño y admiración por su madre, incluía notas de humor sensible e inteligente y tan sólo puedo decir, para comentarlo, lo que m imujer le dijo al terminar la ceremonia: “Como madre me hubiera gustado mucho que mi hijo dijera esas cosas de mi”. No creo que haya mejor cumplido.
Invito a los hipotéticos lectores de este cuaderno, y que se encuentren en situación parecida a la mía, a ayudarme a pergeñar una liturgia civil para los actos ineludibles en la vida de una persona. Los que no queremos estar enconsertados en las ceremonias religiosas, y tenemos suficiente respeto por nuestras ideas y por las creencias de otros para no asistir cínicamente a las mismas, podemos y debemos desarrollar una liturgia propia en la que nos encontremos.
Salvando las limitaciones de intendencia de la sala, puedo decir que la liturgia improvisada por mis amigos el pasado sábado es un buen ejemplo a seguir en el caso de los funerales, aunque eso requiera un gionista de excepción, como era el caso, y un hijo con coraje para no desfallecer durante la lectura del panegírico a su madre.
No se trata de competir con la iglesia católica, que ha pulido el ritual durante 2.000 años, ni si quiera con las liturgias militares, pero si estaría bien que acordásemos unas ciertas liturgias más allá de los trámites burocráticos (por ejemplo en las fugaces bodas civiles) o en los momentos del tránsito, tanto agradables como dolorosos.
Mis amigos, que despedían a su mujer y madre, improvisaron (las palabras son suyas) una breve liturgia civil que tanto a mi mujer como a mi nos resultó entrañable.
Quizás lo peor era el sitio: la sala “no religiosa” del crematorio del cementerio de La Almudena, en Madrid. La sala, ostentosamente más pequeña y fría que la dedicada a ceremonias religiosas, carecía de los elementos de decoración imprescindibles. Un moderno podría haberla considerado minimalista, pero creo que la mejor definición es la de cutre.
Nuestros amigos dividieron la liturgia en tres partes, siendo el oficiante el hijo de la fallecida, profesor universitario como su madre.
La primera parte consistió en un agradecimiento por parte de la familia a los asistentes a al ceremonia, así como a los que no habían podido asistir pero habían acompañado a la difunta y a su familia en los últimos tiempos de lucha contra la enfermedad.
Después nos pidió que guardásemos un minuto de silencio todos para pensar, rezar o reflexionar sobre el fallecimiento de su madre.
Por último, procedió a leer un texto que había escrito en recuerdo y homenaje a su madre. Aunque nos advirtió que quizás no fuera capaz de leerlo completo, y en su caso había previsto que la lectura la terminase un amigo y colega, la verdad es que pudo con ese último deber filial y nos regaló a los asistentes un retrato cariñoso, pero realista, de su madre y de su amor por el cine. El retrato, lleno de cariño y admiración por su madre, incluía notas de humor sensible e inteligente y tan sólo puedo decir, para comentarlo, lo que m imujer le dijo al terminar la ceremonia: “Como madre me hubiera gustado mucho que mi hijo dijera esas cosas de mi”. No creo que haya mejor cumplido.
Invito a los hipotéticos lectores de este cuaderno, y que se encuentren en situación parecida a la mía, a ayudarme a pergeñar una liturgia civil para los actos ineludibles en la vida de una persona. Los que no queremos estar enconsertados en las ceremonias religiosas, y tenemos suficiente respeto por nuestras ideas y por las creencias de otros para no asistir cínicamente a las mismas, podemos y debemos desarrollar una liturgia propia en la que nos encontremos.
Salvando las limitaciones de intendencia de la sala, puedo decir que la liturgia improvisada por mis amigos el pasado sábado es un buen ejemplo a seguir en el caso de los funerales, aunque eso requiera un gionista de excepción, como era el caso, y un hijo con coraje para no desfallecer durante la lectura del panegírico a su madre.
Trasvases y otras perversiones lingüísticas
Parece como si no hubiera otro problema en España, pero nuestros políticos se empeñan en destrozar la gramática española, por supuesto, aunque mucho me temo que tampoco otras lenguas queden a salvo de sus tropelías.
No deja de producir cierta ternura los equilibrios lingüísticos de la nueva Ministra de Medio Ambiente y otras cosas para evitar el satanizado sustantivo en el anuncio de las nuevas actuaciones para paliar el desastre gubernativo (del tripartito por supuesto) en el abastecimiento de agua a Barcelona: No se trata de un trasvase, sino de una conducción...
El tema es lo suficientemente chusco para merecer este comentario. No hay que irritar al tripartito ni a su inefable presidente citando la bicha del trasvase. Recuérdese que la propuesta inicial del Consejero catalán también eludía el término, sustituyéndolo por el eufemismo “captación”.
En relación con este asunto, y aunque parezca mentira, parece que nuestros políticos persisten en ese asalto a la economía lingüística que consiste en evitar los plurales masculinos y los sustituyen por los ciudadanos y ciudadanas, los vascos y las vascas (Ibarreche dixit), etc. No hay que preocuparse mucho, porque el furor no suele resistir más allá de la segunda frase, salvo que estén leyendo un discurso.
Ya tenemos que soportar que los políticos y sus corifeos los periodistas hablen de “cambios dramáticos” o “nominaciones”, pero quisiera confiar en las dificultades que puede imponer en la vida real lo de los plurales masculinos y femeninos…. Quizás nos suceda como en Alemania, donde esta tontería se ha quedado reducida al lenguaje burocrático, tan encantado de llamar movilidad a lo que es siempre se llamó tráfico e infraestructuras a las obras públicas.
Quisiera equivocarme, pero mucho me temo que el nuevo Ministerio de Igualdad pueda quedarse en eso, en un puro adorno de frases y declaraciones vacuas, cuando la verdadera igualdad se alcanza por medio de inversiones firmes y sostenidas en servicios sociales básicos como el cuidado de los niños, la educación y políticas realmente activas contra la discriminación, no puras políticas de cupos para las élites.
No deja de producir cierta ternura los equilibrios lingüísticos de la nueva Ministra de Medio Ambiente y otras cosas para evitar el satanizado sustantivo en el anuncio de las nuevas actuaciones para paliar el desastre gubernativo (del tripartito por supuesto) en el abastecimiento de agua a Barcelona: No se trata de un trasvase, sino de una conducción...
El tema es lo suficientemente chusco para merecer este comentario. No hay que irritar al tripartito ni a su inefable presidente citando la bicha del trasvase. Recuérdese que la propuesta inicial del Consejero catalán también eludía el término, sustituyéndolo por el eufemismo “captación”.
En relación con este asunto, y aunque parezca mentira, parece que nuestros políticos persisten en ese asalto a la economía lingüística que consiste en evitar los plurales masculinos y los sustituyen por los ciudadanos y ciudadanas, los vascos y las vascas (Ibarreche dixit), etc. No hay que preocuparse mucho, porque el furor no suele resistir más allá de la segunda frase, salvo que estén leyendo un discurso.
Ya tenemos que soportar que los políticos y sus corifeos los periodistas hablen de “cambios dramáticos” o “nominaciones”, pero quisiera confiar en las dificultades que puede imponer en la vida real lo de los plurales masculinos y femeninos…. Quizás nos suceda como en Alemania, donde esta tontería se ha quedado reducida al lenguaje burocrático, tan encantado de llamar movilidad a lo que es siempre se llamó tráfico e infraestructuras a las obras públicas.
Quisiera equivocarme, pero mucho me temo que el nuevo Ministerio de Igualdad pueda quedarse en eso, en un puro adorno de frases y declaraciones vacuas, cuando la verdadera igualdad se alcanza por medio de inversiones firmes y sostenidas en servicios sociales básicos como el cuidado de los niños, la educación y políticas realmente activas contra la discriminación, no puras políticas de cupos para las élites.
Etiquetas:
Políticos; Agua; Español
10/04/2008
Lecciones de una huelga.
O cómo los empleados y dirigentes del sector público se empeñan en destrozarlo
Los ciudadanos españoles hemos asistido, algo atónitos, a ver al Ministro de Justicia dirigir personalmente los detalles de una negociación sindical. Se supone que los cuadros directivos del Ministerio, ninguneados por el Sr. Ministro habrán presentado su dimisión…
Pero lo más divertido del asunto, si se me permite la expresión, es que los huelguistas han podido mantener la huelga durante dos meses porque el Ministerio no ha cumplido con sus obligaciones empresariales y no les ha descontado el salario de los días en que han estado de huelga.
¡Por favor! Los ciudadanos estamos hartos de pagar con nuestros impuestos una administración ineficiente, irresponsable y que, además, se trata de una administración enferma: Los datos que se filtran sobre el absentismo de nuestros empleados públicos superan el 20%. Eso quiere decir que el trabajo que se les paga a cinco lo hacen cuatro, tan sencillo cómo eso.
Los ciudadanos españoles hemos asistido, algo atónitos, a ver al Ministro de Justicia dirigir personalmente los detalles de una negociación sindical. Se supone que los cuadros directivos del Ministerio, ninguneados por el Sr. Ministro habrán presentado su dimisión…
Pero lo más divertido del asunto, si se me permite la expresión, es que los huelguistas han podido mantener la huelga durante dos meses porque el Ministerio no ha cumplido con sus obligaciones empresariales y no les ha descontado el salario de los días en que han estado de huelga.
¡Por favor! Los ciudadanos estamos hartos de pagar con nuestros impuestos una administración ineficiente, irresponsable y que, además, se trata de una administración enferma: Los datos que se filtran sobre el absentismo de nuestros empleados públicos superan el 20%. Eso quiere decir que el trabajo que se les paga a cinco lo hacen cuatro, tan sencillo cómo eso.
- Además, dada la tradicional generosidad de los políticos con el dinero que no es suyo, la jornada laboral de los servidores públicos es lo mínimo para que no se aburran:
Valga de muestra la jornada laboral de los funcionarios y laborales de la Comunidad de Madrid: 218 jornadas, a razón de 7 horas brutas por jornada (hay un descanso reglado de 30 minutos) nos da la cantidad de 1.526 horas anuales, 300 horas menos que la jornada legal en España y 200 horas menos que la mayoría de los convenios de grandes empresas.
Estoy seguro que los políticos que tan generosos son con nuestro dinero no lo son tanto en sus actividades personales y privadas.
Mientras tanto, es un lugar común en los medios de comunicación que los servicios públicos solo se pueden mejorar inyectando más dinero en ellos, sin que nadie se pare a pensar en las obvias medidas de gestión que demanda a gritos.
Cuando en otros países europeos se habla de trabajar más, de extender la vida laboral más allá de los 65 años, parece que eso no va con nosotros, sobre todo si tuvimos la fortuna de entrar a trabajar en el ámbito del sector público, sin que quepa encontrar distinciones ni entre los partidos ni entre las distintas administraciones, de izquierdas o derechas, locales, regionales o nacionales.
Etiquetas:
funcionarios,
sindicatos
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