21/07/2008

¿Un socialismo nacional?

He retomado esta frase, con su punto provocador, de un artículo que firmó en su día Gregorio Peces-Barba sobre la llamada federación de partidos socialistas “nacionales” de la que era un destacado puntal el PSC, antes de integrarse en el PSOE y de tomar por asalto la Federación catalana del PSOE, que carecía de connotaciones nacionales o nacionalistas.

Para los padres fundadores del socialismo, la noción misma de patria era incompatible tanto con el avance de la clase trabajadora como con el internacionalismo que el movimiento obrero impulsaba. La oposición a las guerras coloniales, e incluso a la primera guerra mundial fueron una constante entre los pensadores socialistas.

También es un hecho contrastado que el más feroz nacionalismo fructifica en los confines de la patria, bien porque es consciente de las amenazas a las esencias (dicho sea con toda la ironía del mundo), bien porque necesita reivindicar sus hechos diferenciales ante terceros próximos.

Este pasado fin de semana hemos podido asistir al resurgimiento de un socialismo nacional, en el que la confusión entre individuos y patria se ha hecho patente con un fervor que ya habría querido cualquiera de los anteriores presidentes de la Generalitat.

Uno esperaría de los dirigentes del PSC que estuvieran a favor de los débiles, cualquiera que sea su cuna o lugar de residencia, y sin embargo se encuentra con un discurso que en poco o muy poco se diferencia del de CiU con continuas menciones a la patria, a los derechos de las hectáreas (¿Cuándo se ha visto que las superficies y no las personas sean titulares de derechos?), mezclado con una eficaz técnica negociadora del salchichón que busca loncha tras loncha hasta no se sabe qué.

Como dice un buen amigo, la verdad es independiente de quién la diga, Agamenón y su porquero. La actitud política de la Sra. Díez me produce el más insignificante de mis desprecios, pero no deja de tener mucha razón cuando señala (con las intenciones que se quiera) los peligros de la escalada nacionalista. Felizmente no me siento nacionalista español, por lo que el insulto típico de la apisonadora nacionalista no me hace el menor efecto.

Se me dirá que estas son cosas que sólo preocupan a los de Madrid (yo soy de Cartagena, que conste), que la realidad política no puede ocultar que la ciudadanía es más sensata (¡faltaría más!) y que no se preocupa de estas cosas. Todo eso es verdad, pero mientras tanto, como los vecinos desleales, ellos mueven cada noche las lindes y nos podemos encontrar, a la vuelta de menos años de los que parece con una situación muy parecida a la de Bélgica (desde donde escribo estas líneas) en la que los políticos flamencos, que gestionan hoy una región mucho más rica que la vecina Valonia, lo único que pretenden, además de lo consabido del poder, es “poner límites a la solidaridad inter-territorial (¿suena de algo?).

Mientras tanto, el gobierno, como con la situación económica, se empeña en no ver la realidad, aunque en este caso sea por un puro cálculo electoral…

¿Dónde está González?